En “una generación” habrá un manejo fluido del inglés

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Una recorrida por los negocios del Centro de Montevideo confirma lo obvio: el mercader promedio, en Uruguay, no habla inglés. Pero en la escuela pública, poco a poco, se está afianzando el aprendizaje de esta lengua extranjera. La británica Janet Enever, especialista en políticas lingüísticas, lo verificó en carne propia tras una semana inmersa en el sistema escolar uruguayo. A este ritmo, sostiene la docente, dentro de “una generación” Uruguay va a estar a la par de los Estados europeos que no tienen al inglés como una lengua oficial.

Es que ser un país pequeño a veces tiene su ventaja. En China “hay un abismo” entre lo que sabe de inglés un campesino y un citadino, cuenta esta estudiosa de London Metropolitan University. En India, “hay una política neoliberal” que marca una injusticia en el acceso a la enseñanza. Y en Uruguay, “se están haciendo bien las cosas, mas falta”.

La “pobre formación enseñante”, que se nota en un manejo poco fluido de las lenguas extranjeras y que solo seis de cada diez profesores estén titulados, es para Enever la primordial falencia del joven programa lingüístico uruguayo. “Joven” por el hecho de que aunque ya antes existían casos apartados de enseñanza de inglés, francés e italiano, recién en 2007 se logró aunar y universalizar criterios con la mediación de la ANEP.

Ante esa falta de capacitación docente, Uruguay impulsó un sistema de aprendizaje por videoconferencias a través del Plan Ceibal. Profesores que viven en cualquier parte del mundo interactúan con sus pares locales y los pupilos a través de plataformas virtuales y enseñan a travez de curso de ingles. Este programa alcanzó a más de ochenta mil estudiantes y Enever fue a conocer una experiencia en la escuela de Barros Blancos. “Una maestra filipina dictaba la clase y se complementaba con la enseñante uruguaya que tenía poca fluidez”, recuerda. “Pero esta clase de medidas son temporales, son un parche, porque son caras y no reemplazan la enseñanza presencial”, acota la académica.

¿Para qué?

El esperanto, una lengua artificial creada como idioma universal, se propuso acabar con el legado de la historia de leyenda de la Torre de Babel y que los humanos vuelvan a comprenderse los unos con los otros. Mas no logró su objetivo. Los angloparlantes, sin plantearlo, impusieron el inglés como lengua común de comercio y academia. Pero los traductores automáticos, de a poco, procuran quedarse con esa misión. ¿Para qué aprender inglés?

“El acceso a la TV del planeta o a los contenidos de internet precisan del conocimiento de inglés”, ejemplifica Enever. También “los cargos gerenciales en Europa y Asia exigen un conocimiento base de esta lengua”. Y conforme Federico Kuzel, gerente de Capital Humano de la asesora KPMG, independientemente del oficio el salario acostumbra a ser entre cincuenta por cien y cien por ciento mayor por tener inglés, toda vez que este idioma “sea preciso para la labor”.

La investigadora aventura que el chino superará en algún momento al inglés, mas “de momento y por un buen tiempo más” los estudiantes tendrán que manejar el inglés. Y agrega: “El solo aprendizaje de una segunda lengua fomenta el pensamiento crítico: deja equiparar estructuras, conocer otras culturas y reafirmar la propia”.

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